B de Bola de fuego



La tribu de los vanuatu, como muchas otras tribus alrededor del mundo, tiene un ritual de madurez propio y exótico. Uno de esos rituales difíciles de creer hoy en día, no tanto porque vivamos en un mundo globalizado e hiperconectado, sino porque parece ideado para cribar a los que no valen. En él, los jóvenes que se consideren preparados para ser adultos suben a una estructura de madera montada de forma precaria, con los propios materiales que te da la selva, y una vez arriba se atan unas lianas a los tobillos y se lanzan en una suerte de puenting de la naturaleza. Por supuesto la liana no es elástica, ellos no son especialistas y la medición del tamaño de esta la hacen ellos, con lo que la posibilidad de lanzarse esperando convertirse en un adulto y acabar con el cuello roto existe, pese a que hagan por evitarlo poniendo tierra blanda abajo.

Ahora hablemos de la bola de fuego y de por qué he empezado con los vanuatu.

Durante mucho tiempo, al menos hasta la llegada de D&D5, se ha considerado al mago como una clase débil a niveles bajos. Esto es un clásico y ya en ediciones anteriores de D&D, Baldur's Gate y demás estos empezaban con muy pocos puntos de vida, conocimientos arcanos y una serie de trucos que eran más vistosos que útiles. Tenías que llevar un mago porque necesitabas a alguien que supiera de magia, que atacara a distancia y porque en el aire había una promesa que todos queríamos que se cumpliera: a niveles altos el mago es una máquina de matar. Espera y verás.

Y bueno, si esperabas se cumplía. Hasta entonces tenías que llevar y proteger a alguien capaz de lanzar manos abrasadoras o proyectiles mágicos, que podía descifrarte enigmas mágicos (pero no usar pergaminos, eso es labor del pícaro), que con suerte sabía protegerse a si mismo y que era un poco multiusos. Era una máquina dopando pero le faltaba la pegada, y esa promesa de llegar a ser un mago poderoso tenía un nombre: bola de fuego. 1d6 por nivel y radio 20 pies. 5d6 de salida. 

La bola de fuego es el ritual de madurez del mago, el momento en que pasa de ser un personaje medianamente útil a un destructor en condiciones o, viendo cómo venía antes, pasa de ser una torreta a un AC-130 aliado en el aire. Pero ahora hablemos de física y fijémonos en las que aparecen por fenómenos naturales:
  • Una bola de fuego puede alcanzar temperaturas de 16.000º. A esas temperaturas casi todo arde, y quizá no se funda de buenas a primeras pero piensa en la ropa, el pelo, los cintos de cuero... De hecho en la descripción original del hechizo se hacía mención a que podía llegar a derretir el oro (y hay quien se ha dedicado a averiguar qué potencia nuclear tendría exactamente), y el cristal se empieza a deformar a unos 650º y se funde a los 1200º con lo que podéis haceros a la idea de que, salvo los metales que requerirían más tiempo, ser víctima de una bola de fuego implica la pérdida de equipo (pociones y todo aquello que vaya en cristal no mágico), ropaje, armas y cabellera.
  • Una explosión de ese calibre no debe de ser invisible ni insonoro. Cualquier persona cerca del radio de alcance aunque no reciba el daño directamente debería de, como poco, quedarse sordo por la explosión y ciego por el propio destello. 
  • El fuego necesita un comburente para arder y expandirse todo lo que necesite. Esto es, en según qué escenarios una bola de fuego no ardería únicamente en el punto en que ha detonado, sino que posiblemente se expandiría por pasillos y demás buscando oxígeno, con lo que puede utilizarse como componente estratégico. Sigue siendo igual de peligroso que antes e implica que el lanzador y su grupo deberían de estar a cubierto pero hey, strategos.
Hablar de oxígeno nos lleva a un viejo conocido de todo aquel que haya hecho un cursillo de prevención de riesgos, el triángulo del fuego. Esto para el que no lo conozca viene a decir que para que un fuego exista y perdure debe de haber combustible, comburente (el oxígeno y todo aquello que pueda alimentarlo) y energía de activación; en este caso, salvo por el combustible, la magia ocupa dos de los lados del triángulo, pero hay un cuarto elemento del que no se habla y que deberíamos de tener en cuenta siempre que haya una explosión de energía así: la reacción en cadena.

El fuego se expande. Todo aquello que toque y pueda alimentarle debería de hacer que aumente de tamaño. El fuego daña. Así que parafraseando nuestro post guía y referencia de TheAngryGM, puedes diseñar un incendio como un monstruo:
  • Se mueve 5 pies siempre que a donde vaya a moverse haya combustible. Cuando se mueve deja una copia de si mismo.
  • Es inmune a todo menos al agua/frío, arena...
  • Hace un daño determinado, pero en caso de que alcance x tamaño su daño aumenta.
  • En su turno ataca a todo lo que esté adyacente a él.
  • Con el paso de los turnos destruye todo aquello que tenga la etiqueta combustible.  
Con esto no sólo tienes un monstruo diseñado de la nada sino que acabas de obtener un depredador absoluto que sólo se detiene cuando no puede alimentar. 

Y con esto nos acercamos al cierre. Como decíamos antes la magia ocupaba dos de los lados del triángulo-cuadrado del fuego, los que corresponden al combustible y a la energía de activación. Aunque cada uno puede tener una definición de la magia propia, y el propio manual hace por darte nociones, me gusta la idea de que la magia no es más que conocer en realidad el verdadero nombre de las cosas. Y cuando un mago invoca la bola de fuego puede que en realidad no esté pensando en el fuego, el calor, el combustible y demás, porque recordemos que un mago aunque no sepa exactamente de dónde sale la magia tiene unas nociones más o menos claras de cómo funciona el mundo más allá de la magia, y eso significa que sabe cómo funciona el fuego y demás. Pero me gusta pensar que cuando un mago menciona esas palabras, mueve sus manos, esparce los componentes... No está invocando una bola de fuego sino un momento, ese en que fue capaz de convertirse en un cañón antiaéreo andante, cuando completó una etapa como mago, la de darse cuenta del poder que manejaba. Que la bola de fuego no es un hechizo, sino un ritual de madurez peligroso.




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